La Muralla:

La muralla es uno de los elementos arquitectónicos más antiguos que se conservan en la ciudad de Llerena, siendo objeto de numerosos debates sobre su origen islámico o cristiano. La utilización del tapial en algunos de los lienzos conservados hicieron pensar a autores como José Ramón Mélida o José Mª. Lepe de la Cámara una autoría musulmana de la misma aunque ya con posterioridad investigadores como Mª Pilar de la Peña Gómez, o Rodríguez Blanco señalan con mayor objetividad una autoría cristiana de la cerca.
A pesar de que no se sepa con seguridad la fecha en que se inició la construcción del recinto amurallado, se sabe que fue obra de la Orden de Santiago. Sería ilógico pensar en un núcleo fortificado musulmán en terreno llano estando tan cerca la alcazaba de Reina. La primera referencia documental que tenemos de la muralla es del maestrazgo de Lorenzo Suárez de Figueroa (1387-1409), periodo de un notable dinamismo constructivo en Llerena. Aun así, hechos tan destacados como la celebración de Cortes Generales en Llerena en 1340 por el rey Alfonso XI (1312-1350) y que su hijo bastardo Don Fadrique, (maestre de Santiago entre 1342 y 1360), residiera en la ciudad después de la muerte de su padre; lugar desde donde hizo frente a la creciente hostilidad de su hermanastro el rey Pedro I el Cruel, nos llevan a pensar que en esas fechas Llerena contaba ya con una cerca amurallada.
Otro maestre que destaca por sus construcciones defensivas es Alonso de Cárdenas (1475-1493), preocupado por reforzar muros y torres ante la intervención portuguesa en la guerra civil castellana (apoyo portugués a Juana la Beltraneja frente a Isabel la Católica y sus partidarios). A él se debe la construcción de la puerta de Villagarcía y la desaparecida fortaleza de la puerta de Reina.

A partir de 1480 las noticias de obras y reformas en la muralla aparecen reflejadas en los Libros de Visita de la Orden de Santiago. En ellos se testimonian gran número de intervenciones para el mantenimiento de la muralla hasta principios del siglo XVII, siendo los más destacados la construcción en el siglo XVI de la fortaleza de la puerta de Reina, cuya tenencia correspondió al licenciado Zapata y a sus herederos, y la remodelación de la puerta de Montemolín, tal y como reza en la inscripción que aparece sobre su arco de entrada:
REYNANDO EN ESPAÑA DON FELIPE SEGUNDO DE SU NOMBRE LLERENA MANDO HAZER ESTA OBRA SIENDO GOBERNADOR DESTA PROVINCIA DE LEON EL ILUSTRE SEÑOR LICENCIADO DIEGO FERNANDEZ. 1577 AÑOS.
En el siglo XVII se continúan haciendo obras de interés en la muralla, sobre todo en sus puertas. En la de Reina se coloca una imagen de Nuestra Señora presidiendo la entrada, y se instalan los dos escudos que podemos ver actualmente La reedificación de la puerta de Villagarcía por su mal estado se produce también en estas fechas (1618).
A partir del siglo XVIII, comienza la lenta degradación de la muralla. Poco a poco empiezan a aparecer demasiadas noticias de derrumbamientos sin reparaciones, en los que solo se retira la tierra y se limpia la zona. Otros derribos son solicitados por particulares, que ven como el mal estado de la muralla hace peligrar sus posesiones.
Este lento deterioro se acelera en el siglo XIX, sobre todo a partir de su segunda mitad. En una época de constante búsqueda del progreso material, se pensó que la solución para los continuos escombros que originaba la cerca era simplemente la destrucción de gran parte de la misma. La construcción de la carretera de circunvalación (1869-1888) también propició la eliminación de muchas partes de la muralla que se consideraban contrarias a los planes de ensanche de la ciudad; siempre con cuidado de no perjudicar a los particulares. En la actualidad el estado de conservación de la cerca de Llerena es bueno, al menos en los tramos de muralla conservados y en la totalidad de las torres, tras un proceso de restauración que se inició en el año 2001.

La cerca amurallada de Llerena tiene forma elíptica, o de caparazón de tortuga propia de la época medieval. Está compuesta por numerosas torres de planta rectangular con contadas excepciones de planta semicircular, situadas a distancias proporcionales. Estas torres, albergan en su interior en su inmensa mayoría habitáculos con cubierta a base de bóvedas de cañón de ladrillo. Las torres estaban unidas mediante muros de menor altura que éstas. Muros y torres se remataban con almenas y merlones defensivos, acabados a veces de forma piramidal. El material principalmente utilizado es la mampostería reservándose la utilización del ladrillo para los puntos más débiles de la construcción como arcos, bóvedas, merlones, y esquinas.
El tapial aparece en algunos lienzos cercanos al portillo del Sol. No es encofrado musulmán, como algunos autores han pensado, sino una técnica similar de época cristiana, y con basamento de mampostería. La piedra tallada solo aparece en escudos e inscripciones.
El recinto amurallado contaba con cuatro puertas principales: Reina, Aurora, Villagarcía y Montemolín.
La puerta de Reina era la más fortificada de toda la cerca. Junto a ella se hallaba una pequeña fortaleza que según Mélida era de forma rectangular (16 metros de largo por 12.44 metros de ancho) y con almenaje de ladrillo. Lepe de la Cámara asegura que la puerta contaba con tres arcos de entrada, siendo el central de mayores proporciones. Es una pena que no se haya conservado. En la actualidad únicamente permanecen tres pilares de ladrillo sobre pedestales a cada lado de la entrada y dos escudos de piedra.
La puerta de Montemolín, orientada hacia el oeste, está formada por una bóveda de cañón de ladrillo y un arco de medio punto en cada lado de la bóveda, embutido todo en el cuerpo de la torre. Sobre el arco de entrada se encuentra la inscripción anteriormente mencionada, y un escudo real de los Austrias. La entrada está rematada por un templete de ladrillo con una gran hornacina, en la que se ha encontrado en la última restauración los restos de una pintura mural de la Inmaculada Concepción. El arco que da al interior de la muralla está enmarcado por un alfíz, sobre el que se abre una pequeña ventana decorada con pilares y entablamentos de carácter barroco. Junto a esta puerta estaban situados en épocas anteriores el peso de la harina y el matadero.

La puerta de Villagarcía ha sido reconstruida recientemente y recuperada para el conjunto artístico de la ciudad. Consta también de un doble arco de medio punto de ladrillo y de una bóveda de cañón dentro de un cuerpo de torre. La entrada era lateral. Para el altar de esta puerta pintó en 1619 Zurbarán el cuadro Virgen entre las Nubes, que se conserva actualmente en el museo provincial de Badajoz. De la puerta Aurora o Nueva no queda ningún resto arquitectónico.
A parte de las puertas principales, existieron numerosas entradas secundarias, conocidas como portillos, que favorecían el tránsito con el exterior a los vecinos más cercanos. Quedan pocos restos, pero sabemos que eran pequeñas aperturas con un arco de entrada. La mayoría de estos portillos han bautizado con su nombre las calles donde estaban situados. Distinguimos los siguientes: portillo del arco de Don Rodrigo, de San Francisco, del Zorro, de Cedaceros, de la Cruz, del Rosario, del Cañuelo, de las Tenerías, de Curtidores o de Francisco Vaca, del Sol y del Coso.
Casco Histórico:
La importancia de la ciudad de Llerena como núcleo urbano destacado y centro político, administrativo y religioso de primer orden desde el siglo XV y fundamentalmente en los siglos XVI y XVII, favoreció la afluencia de importantes artistas de la escuela andaluza, así como la creación de numerosos talleres de artistas locales; convirtiéndose de este modo en un centro artístico de primer orden, hecho que le valió el calificativo de “la pequeña Atenas de Extremadura”.
Hasta pocos años no hemos comenzado a tener vestigios arqueológicos suficientes de épocas anteriores a la Edad Media para hacernos una idea concreta de la forma de vida de los primeros pobladores de nuestra comarca, si bien, recientemente algunas interesantes investigaciones nos han proporcionado gratas sorpresas con la localización de ciertos objetos de procedencia humana que centran el campo de investigación en la zona de la Madrona que se pueden ubicar en los períodos del Paleolítico Medio y el Calcolítico.
Se han localizado algunas tumbas en los solares ocupados por la urbanización Mirasierra procedentes de un poblado con una antigüedad de unos 4.000 años aproximadamente. Otros lugares ricos en restos de civilizaciones anteriores se ubican en el Cerro Elías o el Huertecillo, de donde procede el llamado “ídolo de Llerena”, que simboliza a una imagen antropomorfa de hueso de aproximadamente 10 centímetros con una objeto en la mano, al parecer un cuchillo.
Sin embargo son pocas las noticias que podemos aportar de las épocas posteriores a la dominación romana, y anteriores a la última etapa de la Edad Media.
Para muchos historiadores el comienzo de Llerena como núcleo urbano se produce en los alrededores de la Fuente Pellejera, sin ponerse de acuerdos cual fue la primera denominación como tal núcleo. Para unos Allarias, Ellerina para otros, Ellerena para algunos más, en fin, todos especulan con los posibles toponímicos de nuestra ciudad. La Llerena árabe la localizan en los restos existentes en el interior de la torre y en algunos lienzos de la muralla que circundaba la población.

Llerena comienza a tener su protagonismo a partir de su reconquista en el siglo XIII, y aunque para algunos investigadores no tuvo un importante protagonismo, para otros fue pieza fundamental como plaza principal en la conquista cristiana de toda la zona. Pelay Pérez Correa, Maestre de la Orden de Santiago, desde la alcazaba reconquistada de Reina, comienza a sentar las bases de la administración militar y civil de toda la comarca y también fue el primer impulsor de lo que fue la Provincia de León de la Orden de Santiago en Extremadura, siendo Llerena la población que ocupó la cabeza durante varios siglos.
No cabe duda que la presencia de los Maestres de la Orden de Santiago, que la eligen como residencia temporal la ciudad de Llerena, ejerció una gran influencia a la hora de promocionar el desarrollo de la población, y por ello se tiene constancia de la celebración en Llerena de Cortes en el año 1340 por el rey Alfonso XI de Castilla, así como sucesivos capítulos generales y particulares de la Orden con la asistencia de todos los Comendadores. A partir de entonces, en Llerena se produce ese cambio en todos los aspectos económicos, sociales y culturales que la convierten en el más importantes centro administrativo de la provincia de León en Extremadura adquiriendo la sede de la Mesa Maestral de la Orden y es la población principal de más de 30 pueblos que se gobiernan desde Llerena y en el orden religioso dependen del Prior de la Orden de San Marcos de León, siendo nuestra ciudad su residencia.
Los sucesivos Maestres de la Orden proporcionan a Llerena los medios necesarios para dotarla de los servicios civiles y religiosos precisos, por ello Lorenzo Suárez de Figueroa recibe la licencia para celebrar las ferias de San Mateo el 21 de septiembre, construye la capilla de la Trinidad en la iglesia de la Granada, los bastimentos y termina el edificio destinado a Casa Maestral o el convento de Santa Elena; don Enrique García Fernández de Villagarcía construye el castillo de la vecina localidad de Villagarcía de la Torre y se convierte en el patrono de la capilla mayor de la iglesia de Santa María y decide ser enterrado en ella.
Don Alonso de Cárdenas construye sobre el solar ocupado por la ermita de San Pedro la iglesia de Santiago, y dota al recinto amurallado de algunas de las puertas más importantes de la ciudad.
Durante los años sucesivos a la reconquista se asientan en Llerena gran cantidad de familias judías apoyadas por la corona por conseguir una mayor repoblación. Estos clanes hebreos convierten a Llerena en un población próspera y con unos niveles muy elevados en los sectores económicos y culturales. La aljama de Llerena la formaba casi 600 familias en torno a la zona ocupada por la sinagoga (ermita de Santa Catalina) y la fuente pellejera. Por aquellos años se vivía plenamente en Llerena una profunda integración de las tres culturales, la cristiana, la judía y la musulmana.
El barrio de la morería se situaba en las proximidades de la iglesia de Santiago y estaba constituido por un grupo poblacional al más marginal integrado por obreros del campo y la construcción, mediante la cual dejaron su huella indeleble en las numerosas edificaciones mudéjares de la ciudad.
Con la expansión de Llerena comienza a producirse la construcción de los primeros conventos, el primero del que se tienen noticias es el de Santa Elena, extramuros de la población, que se traslada a las proximidades de ella, junto a la puerta de Reina cuando se funda el de San Francisco por Sancho de Paz. Igualmente van proliferando las ermitas, la de San Lázaro, san Cristóbal, Santa Catalina, San Marcos, San Benito, San Antón o la Concepción.
Al mismo tiempo se van construyendo edificios con fines benéfico sociales destinados a hospitales que se bautizan con los nombres de San Lázaro, Santiago, San Juan, Espíritu Santo y otros.
Uno de los motores impulsores de la evolución de Llerena a finales del siglo XV es el establecimiento del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, gracias a las influencias políticas del licencia Luis Zapata, Consejero y asesor de los Reyes Católicos y también debido a la extensa población hebrea de la Baja Extremadura. Ha sido considerado por muchos historiadores como la institución que formó la región extremeña.
Fue el tercero en cuanto a la extensión de su jurisdicción y ocupaba 42.260 kilómetros cuadrados, el tercero de España, e incluía los obispados de Ciudad Rodrigo, Plasencia, Coria y Badajoz y ocupó en nuestra ciudad tres sedes permanentes, la primera el palacio prioral en la calle Zapatería, la casa maestral en la calle La Cárcel y por último, hasta su abolición en 1834, el Palacio de los Zapata, hoy de Justicia en la calle Corredera.

Desde comienzos del siglo XVI se produce un gran aumento demográfico que se ve mermado en cierto modo por la emigración al Nuevo Mundo, convirtiéndose no obstante, en el segundo mayor núcleo poblacional de Extremadura en 1591, detrás de Badajoz capital.
La decadencia de Llerena comienza ya avanzado el siglo XVII, al igual que se produce en el resto de España, debida a crisis política del imperio, propiciada por las guerras con nuestros vecinos y el difícil sostenimiento de una infraestructura política y territorial guiada por regentes poco activos y validos aprovechados. También fueron causa de este declive la expulsión de los moriscos, las sucesivas pestes que asolaron Llerena y que la mantenían aislada durante muchas cuarentenas del exterior con el cierre hermético de sus puertas. Pero la mayor lacra la proporciona la guerra con Portugal que merma a nuestra ciudad y esquilma su economía, pero en compensación, recibe el título de ciudad por Felipe IV el 12 de junio de 1642.
Durante el siglo XVIII se produce un cierto aumento en la evolución económica también amparada por la situación nacional a la llegada de los Borbones. Llerena sigue estando en el mismo lugar que en los siglos anteriores en cuanto a que mantiene su hegemonía en los aspectos administrativos, fiscal y religioso, si bien su jurisdicción se ve mermada al conseguir la independencia municipal los lugares de Higuera de Llerena en 1786 y Maguilla en 1749, que anteriormente habían pertenecido a su Ayuntamiento.
No obstante, esta evolución económica se refleja en importantes actuaciones, como la reconstrucción del templo de la Granada en la mitad del siglo, o el Camarín de la Virgen a principios. También el Colegio de la Compañía de Jesús comienza a tener actividad, si bien fue rota su actuación debida la expulsión de sus miembros en 1767.
La Guerra de la Independencia (1808-1814) en nuestra ciudad tuvo gran incidencia, con la batalla de Cantalgallo en 1810 Llerena es destruida en parte y esquilmada por las tropas francesas. También en el siglo XIX desaparece la Orden de San Marcos de León, deja de ostentar su cargo en Llerena el gobernador de la Provincia y del Partido y se decreta en 1834 la abolición del Santo Oficio de la Inquisición, instituciones que fueron los pilares de la hegemonía llerenense durante los siglos anteriores.
No obstante, durante este siglo XIX, se mantuvieron en la ciudad algunas importantes industrias que contribuyeron a un aumento demográfico significativo que valió también para presionar en la construcción de la línea del ferrocarril Mérida-Sevilla en la segunda mitad de la centuria hasta su conclusión del último tramo en 1885 entre Llerena y El Pedroso, contribuyendo con esta obra al progreso económico de toda la comarca.
Ya en el siglo XX, durante la dictadura del General Primo de Rivera se producen en Llerena importantes obras que hoy perduran (Cementerio, Grupo Escolar, Plaza de Abastos), con posterioridad los distintos gobiernos de la democracia devolvieron a la ciudad buena parte de su función como articuladora del territorio de su comarca natural, con la restauración de buena parte de su rico patrimonio, que ha permitido impulsar una incipiente y prospera industria turística y la instalación de numerosos servicios públicos que le han conferido un gran atractivo y dinamismo.
Sobre Llerena:
Número de habitantes del Municipio: 5.982 habitantes
Localización Geográfica: Badajoz (Extremadura)
Otras datos de relevancia:
Cabeza del partido judicial, Llerena agrupa multitud de servicios públicos, como hospital, bomberos y un largo etc, que le dan el carácter de autentica “capital” de comarca.
Web: www.llerena.org
Datos de contacto:
> Institución
Representante Legal: Valentín Cortés Cabanillas
Cargo: Alcalde-Presidente
Dirección: Plaza de España, 1. 06900. Llerena (Badajoz)
Teléfono: 924 870 068
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Valentín Cortés Cabanillas
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> Contacto técnico
Manuel del Barco Cantero
Cargo: Director.
Institución: Complejo Cultural “La Merced” Universidad Popular.
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